EL DISCIPULADO
ES UN PRIVILEGIO
El discipulado cristiano nunca fue diseñado para ser una tarea solitaria o puramente académica. Jesús nos modeló el discipulado relacional: una vida compartida donde la verdad se contagia. Anímate a cultivar una amistad fuera del ambiente eclesiástico, con la intención de ayudar a esa persona a desarrollar una cosmovisión centrada en Cristo. Este proceso no es solo para el recién convertido; nadie se gradúa de discípulo de Jesús. Todos, sin importar nuestra etapa espiritual, necesitamos la guía de un mentor y el apoyo de un compañero. Nuestro anhelo debe ser ser «Pablo» para alguien, y al mismo tiempo, tener a alguien que sea «Pablo» para nosotros, reconociendo que la ayuda de otros es vital para nuestro crecimiento continuo.
Por ello, te invitamos a tomar la iniciativa y sumergirte en este profundo llamado. El discipulado relacional es la herramienta más poderosa para vivir y multiplicar el evangelio, porque crea un ambiente de gracia genuino donde ambos pueden compartir sus luchas, debilidades y pecados, experimentando juntos la obra transformadora de Cristo. Al separar un tiempo para practicar juntos las disciplinas espirituales y al contagiar la visión de que ellos también discipulen a otros, estarás participando directamente en la misión que Jesús nos dejó. Es a través de estas relaciones intencionales y vulnerables que logramos que la fe sea vivida, entendida y replicada fielmente.
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